miércoles, 24 de abril de 2013

La Cuenteria. El arte de contar cuentos


El ideal de progreso mira desde el acantilado de la razón, solo el horizonte lejano. Las nociones del progreso dejan al pasado y enmarcan las sociedades modernas que tienen la gran concepción del por venir.
Tal concepción del ayer relega a la tradición como una forma de intercambio simbólico de significados cotidianos, y solo muestra el posible desarraigo de la tradición en un mundo que es hijo del ideal ilustrado. Hay que ver a la tradición como un ser que puede encontrarse en estado latente en las comunidades y que 
muta por acción de los media, en un conjunto de valores que identifican a un conglomerado. En esta constante hibridación semiótica de la tradición, la “cuenteria” o lo que denominaré la narración oral resignificada adquiere un valor inusitado.

Sabemos que la nuestra es una época de la historia, donde la comunicación ya no se presenta como cara a cara sino que se ha mediatizado. Las interacciones entre individuos hoy por hoy, no necesitan compartir un espacio específico pero pueden generar reciprocidades en el cambio y transito de significados simbólicos.
Si nos vamos al origen de las cosas y asimilamos las condiciones por medio de las cuales se generó la costumbre de comunicar, podremos decir que en el amanecer de las relaciones sociales, el hombre inventó el lenguaje y al inventar el lenguaje se inventó a sí mismo. Y no solo inventó el lenguaje por la menesterosidad que este hecho contenía, además surge la convivencia de genero, la religión y interpretación de la realidad, la comunicación con el otro. 

Todo esto surge en un amanecer donde el hombre como ser humano decide estar acompañado por sus similares, los acerca a sí, los escucha con atención. Existía en ese momento, la intención humana de limitar o poner las fronteras conscientes a las influencias maravillosas del mundo que lo rodea. 


En aquella época, todo conservaba características nómadas: el grupo de errabundos, sus costumbres de caza, su red de significados simbólicos, la palabra que empieza a unirlos. En esos momentos genealógicos de la historia humana, lo nómada se sedentariza: los conglomerados empiezan a interpretar y reinterpretar los significados que los hacían pertenecer al grupo.


Con el paso del tiempo por medio de la tradición el hombre de antaño, era un ser olvidadizo por naturaleza, se convierte en el hombre que “recuerda” y que se arraiga a una serie de acciones propias de su grupo social. Aún más, la verdadera naturaleza de las relaciones sociales estaba enmascarada por las dinámicas de la tradición, que hace “rememorar” constantemente al individuo o al grupo.



Lo Oral en este momento es una tradición que conservaba los aspectos tanto normativos, como los legitimadores; conservaba los aspectos de la formación de identidad tanto individual como colectivo, además de ser un gran esquema hermenéutico de la realidad y del mundo para las generaciones por venir.

Sabemos que el propósito de la tradición oral es: enseñar el origen de los antepasados, las inquietudes espirituales, morales, hechos heroicos, odas, leyendas o reglas de comportamiento que las generaciones posteriores a la primera deben recordar; sabemos además que en la composición de tales historias, toda la comunidad oral toma parte: elabora sus límites y extiende su percepción. Es más, se dice que las personas que tienen un origen letrado, sólo con dificultad pueden imaginarse cómo es una cultura oral primaria; se niegan a escuchar y les es difícil pensar a un grupo de errabundos humanos que sin conocimiento alguno de la escritura o aun de la posibilidad de llegar a ella, elaboran sus cosmogonías, en sus tradiciones nómadas.

El hecho de que los pueblos orales comúnmente, y con toda probabilidad en el mundo entero, consideren que las palabras entrañan un potencial mágico y una explicación de los misterios de su entorno, esta vinculado con su sentido de la palabra hablada, fonada y, por lo tanto, accionada por un poder. 



Es claro que la oralidad y su tradición, conservan diversas formas y genera varios significados. A medida que las culturas ágrafas fueron creciendo y sus significados simbólicos aumentaron, se necesito un mecanismo nuevo que conservara tal tradición. La cultura letrada se instauró frente a la ágrafa, quedando lo tradicional oral en lo cotidiano.
La tradición oral genera individuos con relaciones locales y con grandes arraigos familiares. Los primeros cuentos orales contenían en su interior una gran carga familiar.

Tal parece que existe un retorno a la tradición nómada de los inicios de los conglomerados sociales, pero con las características propias del desarraigo cultural que deja los estragos de las sociedades liberales y capitalistas globales que solo se fundan en lo inmediato, el día, el ahora. Benjamín nos dice que es posible que la forma de escapar a las nuevas sociedades es el retorno de la oralidad.  Ello puede notarse en las sociedades en donde la hibridación genera encuentros de tradiciones nómadas que determinan elaboraciones de la tradición oral. 

Los jóvenes, por ejemplo, quienes tienen un contacto permanente con nuevos tipos de comunicación dados por las semi interacciones cara a cara, paradójicamente se convierten en público y en participantes de una 


forma de intercambio comunicativo que aparentemente es primario como la cuentería universitaria.
Es cierto: se encuentra en el escenario la cuentería, como un “fenómeno” dentro de la oralidad. Tal fenómeno produce el siguiente hecho a saber: grupos de jóvenes situados en diversos estratos socioeconómicos se reúnen, a recordarnos que en la cotidianidad latinoamericana aún se vive la cultura oral, y que ésta debe asumirse, no como una forma diferente del modelo de lecto-escritura moderna, sino como una manera de entender e interpretar el mundo, que responde a un espíritu revitalizado de la tradición oral.

Una de las aportaciones más inquietantes de este movimiento, es el que enmarca un redescubrimiento de la cultura oral directa. Es claro que el origen del arte de contar cuentos se remonta a los conglomerados indígenas, antes de la llegada de los españoles y su red de significados. Pero en las últimas décadas del siglo XX surgió una nueva ubicación del fenómeno tradicional oral dándole significados novedosos. 

Los jóvenes universitarios en los últimos años escuchan cuentos, re significan el ritual de sentarse a escuchar historias. El “agora” o lugar de reunión donde se escuchan los cuentos y/o los relatos son verdaderos “oasis” que generan 
encuentros, desencuentros, imaginación, y sociabilidad. 

Con este hecho se confirma que la velocidad y la precisión al transmitir un mensaje no son suficientes para establecer una “comunicación” eficiente y viva entre los individuos; el ser humano añora y busca la presencia del otro para 
compartir sus historias, en mensajes que desean arraigarse en las interacciones 

cara a cara. 

La televisión en las relaciones sociales establecidas entre el emisor y el receptor trae consigo una separación entre la producción y la recepción, porque todo sujeto que se comunique por televisión o el mensaje que de brinde por medio de ella, crearán una serie de coordenadas espacio-temporales discontinuas porque: 
los individuos que miran la televisión deben, en cierta medida, suspender la estructura espacio-temporal de sus vidas cotidianas y orientarse temporalmente hacia un grupo de coordenadas espacio temporales diferentes”

Pero el joven que escucha al narrador oral, encuentra una posibilidad distinta de divertirse a las que le ofrece la técnica y la televisión, porque parten de lo 
cotidiano, porque pueden responder a las características propias de una tradición.

Los jóvenes oyentes y los más maduros también se sienten identificados en el lenguaje de la cotidianidad y la localidad re-formulando y obligando a la red de significados a reubicarse en los límites de la interacción cara a cara pero con elementos masivos. En otras palabras, esta forma de tradición, vuelven a ritualizar los 


espacios compartidos que también convocan elementos masivos. Los narradores 
actuales como los de antaño, elaboran sus discursos desde las visiones, ritos y 
red de significados simbólicos que los oyentes poseen. Es posible que este tipo de 
narración oral, sea una manifestación juvenil, porque como afirmaría un joven u

niversitario la cuenteria <<sale de los jóvenes, para los jóvenes, que solo tienen 
como pretensión, la de ser escuchados por ellos mismos>>.


No es absurdo pensar que el movimiento de “Cuentería” entendida como oralidad re-significada, sea una representación del pensamiento de los jóvenes de las últimas dos generaciones, que sienten limitadas sus posibilidades de expresión y buscan la manera de manifestar sus sentimientos, vida cotidiana, miedos e 

incluso valores morales; hombres y mujeres, sujetos de conglomerados sociales que quieren verse reflejados en alguien que represente su entorno y a sí mismos, jóvenes buscando y accediendo a nuevas tradiciones. 


Los encuentros con el otro se manifiestan en este nuevo tipo de tradición. En antaño, la tradición estaba encaminada a retomar la Mnemosyne, el recuerdo.

Benjamin nos dice que el papel del narrador es:
“Así considerado, el narrador es admitido junto al maestro y al sabio. Sabe consejos, pero no para algunos casos como el proverbio, sino para muchos, como 
el sabio. Y ello porque le está dado recurrir a toda una vida. (Por lo demás, una 

vida que no sólo incorpora la propia experiencia, sino, en no pequeña medida, 

también la ajena. En el narrador, lo sabido de oídas se acomoda junto a lo más 
suyo.) Su talento es de poder narrar su vida y su dignidad; la totalidad de su vida. 

El narrador es el hombre que permite que las suaves llamas de su narración consuman por completo la mecha de su vida.”

Es posible que estemos siendo testigos de cómo la tradición 
se vuelve a instaurar en el cotidiano de los conglomerados.

TRAZANDO EL MAPA DEL MAÑANA.


Bibliografía
Benjamin, Walter. El narrador 1936. Traducción de Roberto Blatt Taurus. Ed., Madrid 1991.
Deyermond, A.D., "Edad Media: Primer suplemento", en Historia y Crítica de la Literatura Española, Barcelona: Crítica, 1991.
Díaz G, Luis. “Una voz continuada: Estudios históricos y Antropológicos sobre la literatura oral”. 
Martín-Barbero, Jesús, “Aventuras de un cartógrafo mestizo en el campo de la comunicación” 1999; en Revista Latina de Comunicación Social, número 19, de julio de 1999, La Laguna (Tenerife), en la URL: http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999fjl/64jmb.htm.
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Ong, Walter J. Oralidad y escritura. Fondo de Cultura Económico. Buenos Aires 1982.
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Serres, Michel. “Atlas”.Traducción de Alicia Martorell Editorial Cátedra Teorema. 1994.
Thompson, John. Los Media y la Modernidad. Traducción Jordi Colobrans Deldado. Barcelona 1998.12

Fuente:
 http://oraloteca.unimagdalena.edu.co/wp-content/uploads/2013/01/LOS-OIDORES-EL-GIRO-DE-LA-ORALIDAD-AlexanderD%C3%ADaz.pdf






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